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/La Lupita/

    Lupita era muy pequeña, cuando los domingos por la mañana su abuelo pasaba por ella a su casa para ir a pasear al lindo jardín  de su pueblo y alimentar a las palomas que solían bañarse y beber dentro de la fuentecita de rocas. A ella le gustaba correr detrás de las palomas, mientras su abuelo les lanzaba maicito, pero nunca podía alcanzarlas ¡siempre volaban antes de que ella pudiera acercarse lo suficiente! , su abuelo, don Antonio sólo reía y le decía a su nieta:

 

-Una paloma es  como la felicidad mi lupita, puedes ir tras de ella esperando atraparla, y cuando estás muy muy cerquita, así como así, se aleja  volando y no se deja agarrar, pero después te das cuenta que es más divertido correr tras ella porque a cada pasito que das  te anima el corazón para correr atrasito de ella una y otra vez, ah pero eso sí, tienes que alimentarla  con poquita esperanza para que regrese al día, siguiente mi lupita.-

Un día su abuelo enfermó, y dejo de pasar por lupita para ir al jardín; entonces  ella abrió despacio y con mucho cuidado la puerta de su casa para que no hiciera ruido y salió con una bolsa de maicito para alimentar a las palomas. Ella estaba muy triste, y aunque alimentó  a las palomas, no se sentía tan feliz como otras veces, le faltaba su abuelito.

Al día siguiente se le ocurrió una fantástica idea, salió despacito de su casa con su bolsa de maicito  al jardín, y les dijo a las palomas:

-mi abuelito está muy enfermo y le alegraría mucho alimentarlas como siempre, vamos a su casa palomitas, ¡síganme! –

Pero las palomas no se movieron, lupita lloró por como la ignoraban las palomas, entonces corrió a la casa de su abuelo; pero no se dio cuenta de que cuando corría el maicito se iba saliendo de la bolsa, y dejó un camino que las palomas siguieron hasta la casa de  don Antonio ; entró apresurada a la casa de su abuelo y  las palomas  entraron  detrás de ella como desfilando una tras otra, lupita abrazó a su abuelo que estaba en una silla de ruedas en el patio  y metió sus  dedos entre  las canas frescas y harinosas  como cuando se mete lentamente la mano  en una pila de agua fresca y se secó las lágrimas en el suéter  de estambre café de don Antonio, y le dijo:

-abuelito, no estés  más triste, quise traerte a las palomas para darte poquita felicidad pero no pude, ellas no me quisieron seguir-

Don Antonio la mira y le dice llorando también.

-la única paloma que quiero tener en mis brazos es a ti mi lupita-

Entonces entraron todas las palomas al patio y volaron por todas partes, llovían plumas  en el aire, y don Antonio le dijo a lupita.

-Hay veces que la felicidad viene detrás de nosotros mi lupita, pero estamos tan tristes y tan, pero tan distraídos que no nos damos cuenta que ella nos quiere atrapar a nosotros, por eso no dejes que tu corazón esté triste, una sonrisa es el mejor maicito mi lupita-

Y rieron juntos mientras llovían plumas y las palomas aplaudían en el aire alrededor de ellos dos.

  Escrito por: Ismael Nieto                                        Ilustración: Fabián Luna

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